¿Por quién van a votar?
Hay quienes lo tienen verdaderamente claro. A mí sinceramente no me quita el sueño; es más ya van 2 veces que dejo plantados a los del IFE para sacar mi credencial para votar. No es personal, que conste. La verdad es que subí de peso y no quiero dejar de salir joven y delgado en una credencial tan ecléctica que tanto nos sirve para el banco como para decidir el destino de nuestro país (o al menos así nos la venden).
En 1871 Don Porfis , Lerdo de Tejada y Don Beni no lograron alcanzar la mayoría en las votaciones. Ahí los que pasaron por lodo fueron, por supuesto, Lerdo y Díaz (Lo que pasaba era que Don Beni le estaba enseñando las mañitas al joven Porfirio pa que no se le fuera la silla imperi... perdón, presidencial). Ahora las cámaras están preparándose para algo similar, están tratando de ver como se curan en salud para que no se les vayan a escurrir otras elecciones como las de 2006. Lo que realmente están viendo es que nadie sabe de qué va. Lo que realmente pasa es que ya nadie les cree, bueno, menos que antes. Lo que no ven es su propia incapacidad. No es cosa sólo de los candidatos a presidentes, ellos que supuestamente representan al pueblo no pueden estar más alejados de nuestra realidad, tanto como nosotros en el DF lo estamos de una familia que vive en la selva Lacandona. Éstos, los representantes de la clase política, son con lo que le medimos el aceite a cada partido de manera consciente o inconsciente, como sea. Al final éstos representan a su partido con la población, no a la gente en las cámaras, que es justo para lo que les estamos pagando millonadas, por cierto (shhhh, no le digan a los de la selva Lacandona porque se nos ponen sensibles).
Ahora tenemos en puerta las elecciones del “menos pior”, y agárrense. Para los que tienen su posición política muy clara, felicidades (creo). Para el resto de nosotros irresponsables y sin memoria, tache. Al menos los otros tienen mal que bien claras las metas de cada uno de sus candidatos. Yo por lo pronto, pecando de simplista, veo que tengo tres opciones: recalcitrantes reaccionarios, tibios progresistas y una especie de bisexuales políticos que fueron el semillero de los otros dos. A los tres les gusta la uña, unos con por pura ostia, otros por “justicia social” y los otros nomás por tradición y experiencia. La decisión es difícil. Lo único que me deja tranquilo es que sin importar por quien vote, los tres candidatos de los partidos con posibilidades reales tienen algo en común: TODOS VAN A PONER SUS INTERESES SOBRE LOS DEL PAÍS. ¿De qué manera? Ah, pues para eso hay que escuchar sus campañas, para ver de a como viene el madrazo.
Yo, por lo pronto, no sé ni cuándo es mi próxima cita con los del IFE para renovar mi credencial para votar. Seguro me están esperando preguntándose ¿Por qué no habrá venido? ¿Lo habremos ofendido? Los tengo con pendiente.
miércoles, 12 de octubre de 2011
miércoles, 9 de julio de 2008
Lo que Provoca la Seda
Ese vestido que me mata de celos. Su derecho de acariciar tu piel que es mía.
Su seda resbala por tus senos como miel que no puedo probar.
A veces trata de caer completamente, pero los delgados tirantes que mantienes en tus hombros desnudos no dejan que escurra jamás por completo; dejan ver apenas el principio de tus pechos que se asoman por el escote que me hace mirarte como si mis ojos pudieran tocarte.
Atraviesas la velada conversando, provocativa, con todos de nada; me regalas una mirada mientras regresas el tirante a su lugar una vez más. Vuelves bruscamente a la conversación. Odio como te toma de las caderas.
Al fin te sientas a la mesa, me tienes cerca, te inclinas para robar un poco del postre que no quisiste pedir y me muestras por qué ese vestido no se debe usar con sostén.
Trato de acariciarte las piernas, pero aún no puedo distinguir entre la seda y tu piel; insisto, ahora mi hambre es de ti.
Platicas con la anciana que se encuentra sentada al otro lado de la mesa; cruzas la pierna para evitarme pero solo logras que roce tu sexo provocándote un brinquito. Cruzas el brazo presionándote el busto, desenrollaste tus piernas, entrecerraste los ojos fingiendo interés en la plática de aquella mujer, escondiendo el ansia, reprimiéndote.
Salimos apresurados y aceleraste para llegar tan rápido como te fue posible. Bajaste el brazo para meter la llave en la cerradura. Tu tirante resbaló una vez más y te sorprendí por detrás. Mis manos resbalaban por tu cuerpo como lluvia haciéndote el amor. Trataste de volverte, pero ya levantaba tu vestido desde tus piernas, rozando tu vientre; tus brazos se entendieron como crucificada a la puerta. Cayó el vestido del que tantos celos tenía y quedaste desnuda en la calle, en la madrugada…
Sola.
Con un recuerdo.
Y te arrancaste el vestido.
Y te acariciaste los pechos.
Y te excitaba el fantasma de hacerte el amor.
Su seda resbala por tus senos como miel que no puedo probar.
A veces trata de caer completamente, pero los delgados tirantes que mantienes en tus hombros desnudos no dejan que escurra jamás por completo; dejan ver apenas el principio de tus pechos que se asoman por el escote que me hace mirarte como si mis ojos pudieran tocarte.
Atraviesas la velada conversando, provocativa, con todos de nada; me regalas una mirada mientras regresas el tirante a su lugar una vez más. Vuelves bruscamente a la conversación. Odio como te toma de las caderas.
Al fin te sientas a la mesa, me tienes cerca, te inclinas para robar un poco del postre que no quisiste pedir y me muestras por qué ese vestido no se debe usar con sostén.
Trato de acariciarte las piernas, pero aún no puedo distinguir entre la seda y tu piel; insisto, ahora mi hambre es de ti.
Platicas con la anciana que se encuentra sentada al otro lado de la mesa; cruzas la pierna para evitarme pero solo logras que roce tu sexo provocándote un brinquito. Cruzas el brazo presionándote el busto, desenrollaste tus piernas, entrecerraste los ojos fingiendo interés en la plática de aquella mujer, escondiendo el ansia, reprimiéndote.
Salimos apresurados y aceleraste para llegar tan rápido como te fue posible. Bajaste el brazo para meter la llave en la cerradura. Tu tirante resbaló una vez más y te sorprendí por detrás. Mis manos resbalaban por tu cuerpo como lluvia haciéndote el amor. Trataste de volverte, pero ya levantaba tu vestido desde tus piernas, rozando tu vientre; tus brazos se entendieron como crucificada a la puerta. Cayó el vestido del que tantos celos tenía y quedaste desnuda en la calle, en la madrugada…
Sola.
Con un recuerdo.
Y te arrancaste el vestido.
Y te acariciaste los pechos.
Y te excitaba el fantasma de hacerte el amor.
lunes, 23 de junio de 2008
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